Acompañar a “dormirse solo” de forma delicada y progresiva, es parte de los cuidados cotidianos que recibe un niño pequeño en Cucú, el aprendizaje más sensible y al mismo tiempo el más valioso, porque se trata de acoger las emociones que pueden surgir- a veces muy intensas.


No es un detalle poco significativo el hecho que muchos niños con un año de edad se duermen tomando el pecho, en fusión con su mamá; con este apoyo consiguen bajar el ritmo, relajarse y sentir un inmenso bienestar, condiciones necesarias para poder conciliar el sueño.

¿Qué pasa en Cucú, donde hay que reajustar este hábito para que puedan dormirse de otra forma?

Los ajustes implican un cambio gradual y el cambio puede expresarse con quejas.

Dejar llorar no es la solución pero acompañar estas quejas, sí:
entenderlas, respetarlas, ser paciente, constante y tomarlo con mucha calma.


Muchas mamas se maravillan que sus hijos puedan aprender a quedarse dormidos en la cuna.

Dormir en Cucú es el último paso de la adaptación y empezamos el proceso una vez que el niño haya superado las fases anteriores,  es decir cuando observamos que:



- está madurando el vínculo con la educadora a través de los cuidados cotidianos, cambiar el pañal y ofrecer la comida;
- está asimilando la dinámica “mamá se va, mamá vuelve” vivenciando los  momentos de separación /reencuentro de una forma agradable y positiva;
- habita el espacio con confianza y seguridad, jugando de forma autónoma;
- sabe recibir consuelo por la educadora si necesita abrigo emocional, sobretodo si necesita recuperarse un poco y descansar a lo largo de la mañana;
- ha asimilado la rutina de la mañana y sus transiciones.



Antes de empezar a quedarse solo, haremos un proceso de “adaptación a la siesta” con el familiar que le ha acompañado durante la adaptación.
El propósito es simplemente percibir la nueva atmósfera, activando los sentidos:
el espacio se oscurece y el material de juego está recogido descansando (vista), el aceite de lavanda en el difusor purifica el ambiente (olfato), llega la música de fondo -“La pastoral” de Moondog - (oído). Todo esto ayuda a generar una sensación de calma y sosiego para transitar al dormitorio.



Cada niño tiene en Cucú su equipamiento:  muselina, manta, cojín, muñequito y /o chupete (si lo necesita también en casa).
Los niños de 2 años que estén en su segundo año de Cucú pueden dormirse en la colchoneta, mientras los más pequeños tienen cada uno su cuna, con la muselina puesta como cortina en la parte superior.  
¿Por qué la cuna con barrotes? Permite al niño encontrar un espacio que pueda contenerlo con límites físicos bien definidos; ahora no es el momento de “expansión”, sino de habitar un espacio protegido, intimo y acotado.





Antes de llegar a poner el niño en su cuna, le acompañamos pasito a pasito.
Creo que es muy importante aprovechar de los cuidados en la mesa, al acabar de comer, para comunicar al niño el porvenir: “Veo que estás ya muy cansado ahora. Te ayudo a limpiar bien las manos y la boca y luego te acompañaré a dormir”; con gestos delicados y palabras susurradas, con el tacto agradable de la gasa de algodón mojada en agua tibia y el ritual de “Manitas bellas”.


Le cogemos en brazo para acompañarlo al cuarto de dormir, aprovechando el recorrido del pasillo para cantarle “La nanna”, nos sentamos  en el sillón, cantando con un ligero balanceo hasta que esté preparado para pasar a la cuna; aquí, le ayudamos a acostarse y seguimos acompañando con ligeros movimientos en la espalda o en el torso.

Hay niños que les gusta estar bien envueltos en su manta y prefieren ser acunados de pié (en linea horizontal o linea vertical), niños que prefieren estar más o menos incorporados; lo importante es establecer un profundo diálogo corpóreo donde la respiración nos guíe (sí, es posibe alcanzar el mindfullness también en este contexto).

Comentaba al principio que se trata de acoger las emociones que pueden surgir - a veces muy intensas y acompañar las resistencia que simplemente tiene que ver con el miedo a lo desconocido.
“Como voy a dormir si no hay teta?”
“A donde me voy si me dejo llevar?”


He aprendido a tratar esas resistencias sin exigirme nada, al reverse, esperando y observando cuando es el momento para seguir intentando y cuando conviene parar para evitar “el bucle” y el desgaste emocional (para ambos!).
Mañana será otro día, la constancia es la clave.

Compartir este proceso de aprendizaje con la familia  es algo para mi muy importante y estoy muy agradecida con el diálogo que se ha creado sobretodo en los “casos más sensibles”.

Compartir los pequeños pasitos adelante hasta, finalmente, celebrar juntos el día en que, aún despierto, se tumbó solo y encontró su postura, esperando recibir un leve masaje para dormirse.


"Felicidades P., has podido dormirte solo!"

Celebrar el día en que se despertó al cabo de mediahorita y volvió a dormirse simplemente apoyando la mano en su espalda ... y celebrar el día en que ya no hizo falta la mano y fué bastante el "Shhhhh, duermete niño".


(Este post lo dedico a Pablo y a su mamá Estefania, por el reto superado)

Moondog " La pastoral"